miércoles, 6 de mayo de 2009

ÉXTASIS ORGIÁSTICO



El ocho de mayo del año en curso (2009) se cumplen 308 del ascenso de la “casa Borbón” al trono de España.
Desde la muerte de Fernando e Isabel hasta la de Carlos II (3 de noviembre de 1700) los destinos españoles fueron regidos por descendientes de los Habsburgo o “casa de Austria”, pero en el año 1701 (08/05/1701) asciende al trono español el duque de Anjou, nieto del rey francés Luís XIV ( “el rey sol”).
El 11 de septiembre del mismo año casa Felipe de Anjou, rey de España, con María Luisa Gabriela de Saboya, el rey (Felipe V) es representado, por poderes, por un tío de la novia.
María Gabriela está a seis días de cumplir trece años, nació el 17-09-1688, Felipe cuenta dieciocho años.
Felipe y María Luisa, la primera noche de bodas, no consuman el matrimonio, surgen varias hipótesis que explican este hecho, sólo dos tienen sentido:
La primera habla de la condición de la reina, la cual según los rumores “aún no era núbil”.
La otra, la segunda versión, dada por José Antonio Vidal Sales, tiene más credibilidad: “ Noche nupcial en el castillo de Figueras: cuando la regia adolescente cruza el dintel de la alcoba, todavía le parece escuchar los delicados consejos y oportunas advertencias de la sabia camarera mayor, relacionados todos ellos con la coyunda (unión conyugal), con el papel que ella, como hembra, ha de desempeñar en la ceremonia del himeneo.
Pero Felipe no es precisamente un dechado de comedimiento, de tacto de delicadeza. Y aunque la reina-niña acepte con gusto sobre el tálamo los juegos y escarceos iniciales, muy efímeros, lo cierto es que cuando el joven monarca embiste con dureza irreprimible, ella forcejea y acaba gritando en un supremo deseo de librarse del torpe jadeante.
A partir de ese momento y durante tres días y tres noches, tendrá que ser la camarera mayor—la princesa de los Ursino, auténtica celestina regia—quien colabore eficazmente cercad de la arisca piamontesa y del apasionado mancebo… evitando con su intervención que la adolescente aborrezca, ya de entrada, el trato carnal con el rey su esposo.
Es ella, la de los Ursinos, quien con mimos y suavidades consigue al fin el ansiado acoplamiento del enfebrecido Felipe, es gracias a ella que María Luisa Gabriela acabará por tomar verdadero gusto al éxtasis orgiástico; hasta tal punto, que los cinco meses que la pareja pasa en Barcelona se convierten en ciento cincuenta jornadas de desenfrenado y exhaustivo placer y de refinada molicie".

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